Crónica
48º CAPÍTULO GENERAL de la Escuelas Pías (Día 23. 11 de febrero)
“TAL COMO NOS LO ENSEÑARON,
LOS QUE DESDE EL PRINCIPIO LO VIERON CON SUS OJOS”
Así inicia san Lucas su evangelio al referirse a lo que va a contar de Jesús a su querido Teófilo.
Hoy, en mi última entrada sobre el 48º Capítulo general de las Escuelas Pías, quisiera dirigirme a mis queridos ‘Escolapiófilos’ y dejar, de manera totalmente subjetiva y personal, lo que desde el principio han visto mis ojos y han escuchado mis oídos. Bueno, y alguna que otra intuición.
Tras la clausura de ayer, hoy celebramos la eucaristía a la hora acostumbrada y presidida por el P. General y su Congregación. En la homilía, traducida simultáneamente en inglés, aprovechando el evangelio de la curación del sordo, entresacó tres momentos que lo asemejan al ‘hacer escolapio’. En primer lugar, separar a la persona para estar con ella, el hecho de la atención personalizada; el mirar al cielo, en segundo momento, como la necesaria referencia de nuestra misión a Dios; en tercer lugar, ‘Effetá’, el ábrete, el dar la palabra oportuna que consigue liberar a la persona. Y nos invitó a compartir con los hermanos lo que habíamos vivido en estos días.
El resto del día, se propusieron tres excursiones: museo antropológico, a Coyoacan, un barrio popular de ciudad de México donde vivió Frida Kahlo o Teotihuacan (donde están las pirámides de los teotihuacanos -anteriores a los aztecas- más altas). Yo fui a esta última, y el recinto inmenso atravesado por la ‘Calzada de los muertos’ donde se encuentran las pirámides y otras construcciones es realmente espectacular.
Pero vamos con las conclusiones de este Capítulo y que puedan recoger parte de lo visto, oído y escuchado. Las enumero sin jerarquizarlas tal y como me van viniendo:
1. El acontecimiento del Capítulo general es un momento precioso para conocer, compartir, valorar y ampliar la mirada sobre la realidad escolapia. Poder participar presencialmente es un privilegio y, se dé como se dé, alimenta la vocación y hace incrementar el cariño por las Escuelas Pías. Son tres semanas que ‘descentran’ (de nuestro huerto familiar) para ‘re-centrarse’ de una manera más objetiva y rica en la vastedad del terreno escolapio. Todos salimos enriquecidos y agradecidos.
2. Avanzar en la cultura de Orden y trabajar desde unas claves compartidas nos ha hecho crecer mucho. Es importante no confundir esto con un intento de uniformidad y de control ‘desde arriba’ de los procesos que vive cada realidad escolapia. Hemos de estar atentos a que esta nueva cultura no emborrone la pluralidad, la diversidad y la legítima autonomía de cada demarcación. Y a la vez, hacer crecer lo que nos haga más solidarios, atentos a las necesidades de los demás y a la fraterna corrección.
3. Nos vamos con una gran duda en el corazón: ¿qué hermanos podrían haber animado el servicio del gobierno en la Orden? ¿Cómo se habría situado cada uno y hacia dónde hubiese tendido el apoyo mayoritario y discernido? Esto lo ha evitado la forma y el procedimiento seguido para la elección, la ya conocida ‘postulación’. Nos evitó una gran oportunidad de diálogo fraterno abierto, de confrontación y de discernimiento. A mi parecer, esto no debería volver a pasar (y hablo más del procedimiento que de la posibilidad).
4. En este sentido, queda pendiente una reflexión interna sobre el ejercicio del gobierno en la Orden y el liderazgo (y los líderes). No es sano estar llenando nuestros documentos y discursos de sinodalidad, trabajo en equipo y de caminar juntos, y por otro lado alargando mandatos y proponiendo órdagos de ‘sí o no’ como si el ejercicio del gobierno dependiera de una sola persona. Sin duda, lo práctico, eficaz y estratégicamente conveniente era dar continuidad, pero si los grandes procesos de la Orden (o Provincia) los hacemos depender de una persona es que no hemos desarrollado la sinodalidad. Tenemos 6 años por delante, si hay voluntad para ello.
5. Es un acierto y un avance la presencia de laicos y jóvenes en el Capítulo. Sin duda ha sido una riqueza y la ‘fotografía’ de la Orden queda mucho más real así. Al igual que los religiosos, hemos de crecer en libertad para hablar y decir lo que realmente pensamos. El aula capitular actúa en ocasiones como un inhibidor de verdades u opiniones incómodas. Para el próximo Capítulo los laicos y jóvenes que participen deberían venir preparados para compartir lo que hayan recopilado de otros tantos, haciéndose voz de las cosas que ciertamente hemos de cambiar y mejorar.
6. Hemos de tomarnos en serio el tema de la sostenibilidad, tanto del liderazgo, como la carismática y especialmente la económica. Debemos crecer con paternidad responsable. Las nuevas fundaciones, la fecundidad vocacional en algunos países y la asunción de nuevas obras conlleva una planificación realista y un crecer en asertividad institucional. El equilibrio de fuerzas, la solidaridad y el compromiso maduro por la autosostenibilidad deben cobrar carta de ciudadanía en nuestros proyectos personales (austeridad, trabajo, disponibilidad…), en los proyectos comunitarios y de presencia (pobreza, ponerlo todo en común, asunción compartida de responsabilidades…) y en los proyectos de Orden (discernimiento compartido, equilibrio entre el sueño y la realidad…).
7. Nuestro centro y fundamento. Hemos dialogado sobre ello, pero creo que nuestro discurso está mucho más inflado y desarrollado que nuestra práctica y vivencia diaria. Nadie va a negar que el centro de nuestra vida es Jesucristo (es como preguntarle a un hijo si quiere a su mamá), el tema es cómo lo expresamos y manifestamos. La centralidad de Jesucristo es el núcleo 1, pero tendremos que inventar caminos e itinerarios para, poco a poco, desprendernos de cierta acedia espiritual y algo de mundanidad, para reorientarnos vitalmente hacia Dios. Y no pasa nada que lo reconozcamos, al contrario, solo partiendo de lo frágil y vulnerable se puede asegurar y fortalecer nuestra vida consagrada.
8. Tres temas entrelazados: formación permanente-pastoral vocacional-formación inicial. En poder vivir estos tres procesos unidos e interdependientes nos jugamos gran parte de nuestro futuro. Sin un cuidado esmerado de nuestra propia vocación (la de los escolapios) será complejo atraer a otros y saber formarlos y acompañarlos bien. El trabajo sobre cultura vocacional ha sido un gran descubrimiento, siempre y cuando atendamos a todas las vocaciones (religiosas en todas las etapas y laicas en todas las modalidades). Seguir avanzando en la construcción de una verdadera cultura que anime, cuide, fortalezca y acompañe la vida de cada uno, es una opción de mucho futuro.
9. Misión y vida comunitaria. Como no podía ser de otra manera, la misión escolapia y el propio ministerio entre los niños y jóvenes, especialmente pobres, ha ocupado un espacio y una densidad grande en los diálogos capitulares. No hay duda, los escolapios vibramos con nuestra misión. Queremos crecer y vemos cómo la escuela se va redimensionando con otras plataformas de misión. No solo creemos en la educación y en la escuela, es que sentimos que podemos y debemos renovarla como un bien para nuestros alumnos y sus familias, pero también para la Iglesia y la misma educación pública y privada. Las Escuelas Pías nos sentimos llamadas a renovar y enriquecer la educación popular en el mundo. El reto está en vivirlo como comunidad, la concreta de los religiosos, y también suscitando la comunidad cristiana escolapia en cada lugar.
10. Las ausencias. También cobran protagonismo aquellos temas y realidades que han pasado de refilón estos días. No significa necesariamente que no nos importen, pero es significativo que no se hayan abordado con cierta profundidad. Algo nos define. Y han sido temas como: la pandemia y sus consecuencias; la casa común y el cambio climático; las situaciones de guerra o pobreza y sus efectos en los desplazamientos humanos y los movimientos migratorios; la pobre realidad de la política en tantos países y la responsabilidad educativa de posibilitar una nueva clase de políticos; la economía y sus variantes mayoritarias del capitalismo y el consumismo; una reflexión seria y educativa sobre internet, las redes sociales, el metaverso… Y una ausencia dolorosa: la Oración Continua. Una realidad carismática calasancia, uno de los tesoros de la Orden, no ha tenido ni su tiempo ni su espacio. Esperemos que la nueva Congregación cuide, anime y consolide esta realidad tan querida por san José de Calasanz.
11. Y lo más bonito sigue siendo el NOSOTROS, religiosos y laicos. Comprobar sexenio a sexenio cómo crece el amor, la entrega, la dedicación de tantos que participan en la misión escolapia. En Mozambique y en Argentina, en Filipinas y en Puerto Rico, en Burkina Fasso y en Eslovaquia… Comenzando por cada uno de los laicos de la Fraternidad que configuran su vida con la de las Escuelas Pías. Este nosotros, que recoge desde conserjes y personal de limpieza que vibra con Calasanz, hasta maestros, familias y exalumnos, sigue siendo la realidad más esperanzadora de la Orden. Sentir esta fraternidad en lo escolapio y calasancio es un motivo suficiente para levantarse cada día y dar gracias a Dios. Con este NOSOTROS, los niños y jóvenes del mundo tienen un motivo para seguir esperando contra toda esperanza.
Esta noche, tras la cena, hemos estado un buen tiempo dando abrazos y despidiéndonos unos a otros. Este cariño no es ficticio. Reconocernos llamados para hacer el bien a los pequeños es un motivo que nos une sólidamente. Y tras cada abrazo, está la acogida y el reconocimiento de tantos otros hermanos, religiosos y laicos, que se sienten y se viven hoy escolapios. Cristo nos llama y Calasanz nos une.
Y hasta aquí llegué esta vez. No sabemos si dentro de seis años podré participar de nuevo, pero mientras pueda, lo seguiré haciendo. Gracias por vuestra cercanía (explicitada o en el silencio) y sigamos construyendo Escuelas Pías, ya sabéis, ‘soñando y viviendo’.
Y con todo, creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.
Mañana más y mejor.
Noche de despedida entre hermanos.
Junto a la pirámide del sol en Teotihuacan.
Eucaristía presidida por le P. General y su Congregación.
Al fondo la pirámide de la luna.