LA OCTAVA DE PASCUA: Una luz para vivirnos hoy (6)
"Recopilando"
Mc. 16, 9-15
El evangelista Marcos es el amigo que todos tenemos que nos dice las verdades a la cara sin anestesia y sin previo aviso. Al final de su evangelio no se entretiene con mucha literatura ni buscando formas políticamente correctas, describe con libertad lo que ve y se centra en lo fundamental. Marcos es asquerosamente sincero.
Resucitar no es coser y cantar. Si para asumir la propia historia y acoger la muerte se requiere un proceso de asimilación y de integración, también para vivir el acontecimiento de la Resurrección hemos de transitar un itinerario no siempre fácil. Marcos lo ve y lo advierte. En este evangelio que pareciera un directorio o elenco de las apariciones, el evangelista muestra una astucia catequética muy interesante. Marcos sabe que la catequesis que no provoca, no mueve, y la que no mueve, tampoco lleva a la conversión.
En una secuencia rápida y sin adornos afirma: 'Se apareció a María Magdalena, ella se lo anunció, Y NO LA CREYERON. Se apareció a dos de ellos, fueron a anunciarlo, PERO NO LES CREYERON. Por último se apareció a los Once...' es como si la incredulidad sostuviese la fe posterior. Creer conlleva dudar y la duda es la argamasa de la fe. Es como si la fe creyese alimentada por las dudas.
Nos cuesta creer por otros, es más, la fe que se sostiene únicamente en el testimonio de otros acaba diluyéndose. Necesitamos tener experiencia personal, poder dar testimonio de que Jesús se me ha aparecido a mí. No creer no es lo mismo que no tener fe, como no tener hambre no significa que no me alimente. La fe es un don y, por tanto, también lo es la fe en la resurrección y requiere ser pedido.
Lo más sorprendente de este evangelio es que Jesús sitúa la verdadera fe en la acogida de los que lo han visto resucitado. Necesitamos acercarnos a estas personas. No es creer por otros sino creer por el testimonio que nos dan. Darlo y recibirlo, ahí está el movimiento de la fe. Y no se da lo que no se tiene, y no se tiene lo que no se recibe.
El Resucitado no nos pide heroísmos, nos pide sembrar la vida en nuestra historia particular y doméstica, anunciar que siempre hay cabida para una buena noticia. Y paradójicamente ,la experiencia de la resurrección no es una experiencia que se recibe sino que se da, o mejor, que se recibe dándola. Si quieres vivir la resurrección anuncia, testimonia y da gestos de resurrección,
Mañana más y mejor.
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