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miércoles, 20 de abril de 2022

   LA OCTAVA DE PASCUA: Una luz para vivirnos hoy (3)

En el camino se rehabilita la historia

    Lc. 24, 13-35

    Sin duda uno de los textos más conocidos y comentados del evangelio. Y todo lo que se conoce bien tiende a pasar desapercibido. Pero este camino que nos propone Lucas en esta semana de Pascua es un verdadero itinerario iniciático, una senda por la que se hace posible la rehabilitación de una historia, de nuestra historia personal.

    Todo se da caminando. Da igual que estés triste, decepcionado, cansado o con dudas, ponte en camino. Uno de los enemigo más peligrosos de la fe es el conformismo que suele generar en nosotros apatía, desilusión e inactividad.     Caminar la tristeza la resitúa, la enriquece de una comprensión más racional y menos visceral por lo que la hago accesible a otros. Una tristeza caminada se diluye, pierde su germen de desencanto y depresión.

  Caminar la decepción desatasca sus conductos obstruidos, de tal manera que fluye más ligera y encuentra nuevos recorridos en los que desembocar. Una decepción caminada puede llegar a convertirse en oportunidad.

 Caminar el cansancio lo fortalece, lo hace más sostenible e impide que nos sintamos limitados. Un cansancio caminado nos hace más resilientes.

  Caminar las dudas las ilumina, las hace generadoras de sentido y posibilita el crecimiento en la fe. Una duda caminada depura y dignifica nuestras creencias.

    Estos dos discípulos somos cada uno de nosotros en la situación concreta en la que nos encontramos. Visualízate en ese trayecto hacia Emaús. Busca un compañero que pueda acoger todo lo que en este momento te pertuba o preocupa. Expresa sin temor hasta la desnudez de la idea y deja que Jesús Resucitado acompañe en silencio. La escucha de Jesús es tan respetuosa que permite toda tu expresión. El silencio de Jesús sonoriza y amplía tus palabras. Hay palabras tan duras, tan feas, tan dolientes e incómodas que dichas en este ámbito inoculan en ellas mismas su antídoto. Estas palabras caminadas en silencio y acogidas por Jesús Resucitado pierden su veneno y su aguijón. A Jesús no le molesta ninguna de tus palabras sean del cariz que sean, le incomoda tu silencio y represión.

    Jesús Resucitado no cambia la historia de nadie, solo la reconcilia. Si te dejas acompañar por Él irá enhebrando los acontecimientos de tu vida de tal manera que verás el tapiz por el dibujo. Casi siempre nos decepciona ver el bordado por el lado de los nudos. Jesús le da la vuelta y nos permite ver la belleza de tu historia, de tu vida. Él solo cambia nuestra mirada porque el camino permite verlo todo desde diferentes perspectivas. Necesitamos caminar con Él. En toda vida hay piezas que no encajan y tendemos a esconder, tirar o forzar para que se integren a la fuerza. Las palabras de Jesús recolocan nuestras piezas.

    Y el fruto es la paz, que hace que brote de nosotros una intensa satisfacción, un ardor dulce del corazón. La presencia y la palabra de Jesús Resucitado nos descentra y nos re-centra. Nace un noble y genuino deseo: "¡Quédate con nosotros!". Un nosotros que habla de fraternidad, de universalidad, del deseo de bien para otros. ¡Hay tanto feo cuando quedamos a solas con nuestras palabras! Jesús Resucitado nos ofrece los conectores para nuestras palabras e ideas. El relato que surge es mucho más ágil, diáfano, verdadero y vital.

    Y cuando uno es acogido como es, reconoce al otro en lo que es también. Jesús Resucitado nos acoge y nosotros lo reconocemos vivo y resucitado, eucarístico.


    Por eso, mañana más y mejor.

2 comentarios:

  1. Gracias por esta entrada, Carles. Ayuda a seguir avanzando con fe en tiempos de desolación, como dice San Ignacio (y Toni Catalá). El ejercicio de visualización es un recurso potente, ¡me ha gustado! Un abrazo.

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  2. Definitivamente cada vez más y mejor. Muchas gracias Padre Carles, tus palabras dan vida.

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Sin duda, mi mirada se enriquece con la tuya y con respeto, será un placer leerte.