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lunes, 18 de abril de 2022

 LA OCTAVA DE PASCUA: Una luz para vivirnos hoy (1)

Entre el miedo y la alegría

    ¡Cómo nos cuesta la fiesta! El día que olvidamos vitalmente nuestra adolescencia nos hacemos mayores. Y el tiempo de Pascua es para aprender de los adolescentes: devolvernos el tono festivo, las ganas imperecederas de 'marcha', de encuentro, de goce y disfrute gratuitos sin motivo alguno. ¡Y tenemos 50 días!

    Esta semana que llamamos la Octava de Pascua o Semana 'in albis', me gustaría compartir con todos estas reflexiones que nos ayuden a vivir pascualmente nuestra vida cotidiana valiéndome de los evangelios de la eucaristía del día. Con demasiada frecuencia organizamos retiros, charlas, celebraciones, encuentros, oraciones... para prepararnos en la Cuaresma y cuando llega el momento de VIVIRLO, nos conformamos con un tenue y discreto ¡Feliz Pascua de Resurrección! en la Vigilia o en el mismo Domingo, y después, a lo de siempre.

    Comenzamos pues estos 8 días que son realmente UNO.

    Mt. 28, 8-15. En este evangelio del lunes aparecen como protagonistas las mujeres. Y no es casualidad. Jesús ha conformado un grupo donde las mujeres pervierten el orden social establecido y no solo les da acceso al grupo de los discípulos sino que tienen la potestad de administrar a los Doce. En la Pasión, salvo las palabras a Juan en la cruz, no se dirige a ningún apóstol, pero sí a las mujeres para consolarlas. Jesús reconoce en estas mujeres la presencia más auténtica del discipulado del Reino. Por eso serán las primeras testigos de la Resurrección. El amor ciega a la persona enamorada para los demás iluminando en ella el rostro del amado. Eso les pasa a las mujeres de este evangelio. Corren desesperadas porque sus pechos están llenos de una certeza que les provoca miedo y alegría: los dos componentes del primer amor, del más intenso. ¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste y te declaraste? Miedo y alegría.

    Y Jesús acontece confirmando su alegría y animándolas a no temer. Se acercaron, le abrazaron, se postraron... La cercanía necesaria del enamorado ("que la dolencia de amor que no se cura sino con la presencia y la figura"); la necesidad del contacto, de percibir la piel, el olor, de sentir el cuerpo deseado; y el reconocimiento de un amor que desborda lo humano y que requiere ser contemplado, adorado... Mujeres enamoradas viviendo los tiernos matices del amor humano. Jesús percibe que ya son evangelio. Solo necesitan mostrarse a los hermanos para que reconozcan en ellas la huella del Enamorado. ¡Que vayan a Galilea! ¡Allí me verán! Y se pusieron en camino porque el amor nunca es una posesión es un regalo. Dar y compartir lo que habían recibido.

    ¿Y esto para nosotros hoy? Te comparto tres claves sencillitas:

    1. Miedo y alegría. El primero brota de la percepción de un peligro, o lo que es lo mismo, de la imposibilidad que percibo en mí de poder vivir una realidad. La que sea. El miedo es tan humano que nos hace divinos, porque nos permite salir de nosotros mismos y nuestras percepciones para abandonarnos en las manos de otro, del Otro. En la Pascua, nuestros miedos se tornan confianza. Un fruto pascual no es que desaparecen los problemas sino que los puedo vivir de una manera más sostenida, acompañada y confiada. Y los mismo pasa con la alegría. Forma parte de la esencia presencial de Dios en nuestras vidas. Es el 'ganglio centinela' de la fe: si aparece la alegría, Dios está vivo y operante en mi vida.

    2. Las prisas. En un mundo donde todo va acelerado en las calles (peatones, carros, motos, ciclistas...), nos movemos velozmente por las redes sociales, donde todo se ha de hacer rápido y al instante, no podemos adormilarnos en nuestra fe. Compartir cómo vivimos la presencia de Cristo resucitado en nuestra vida se hace urgente. Hay muchas personas que están esperando este testimonio, esas palabras de vida vivida, ese anuncio que quiebre la losa dura y pesada del hastío, el sinsentido y el cansancio vital. La Pascua nos acelera evangélicamente.

    3. Cercanía, contacto y adoración. No nos vale el aviso lejano de una presencia. Tampoco el de la Resurreción. Necesitamos el contacto directo con la Vida. Vivamos estos días con un deseo insaciable de Jesús. Demos rienda suelta a nuestra capacidad de desear, de soñar, de vivirnos con la ilusión de un encuentro con Cristo vivo y resucitado en cualquier persona, palabra o situación. Abrazar es la capacidad de romper mis barreras, de hacerme vulnerable y dejar que otro invada mi intimidad, mi espacio personal. Démonos algún tiempito para contemplar en silencio nuestra historia, para sobrecogernos en el recuerdo de un acontecimiento que me hace hincarme de rodillas por haber visto y sentido a Dios mismo a mi lado. Contemplemos a la persona en la que Dios ha hecho un verdadero milagro y descubramos la fuerza de la Resurrección generando vida nueva.

Mientras tanto, con toda seguridad, otros inventarán historias para desautorizar nuestra fe, ridiculizar nuestra experiencia y mofarse de nuestras palabras y testimonio. Así fue hace dos mil años, y así será hoy. Pero, vaya yo caliente, ríase la gente.


Mañana, más y mejor.


    

    

2 comentarios:

  1. Sin duda hay personas que se cruzan por nuestro camino o las tenemos al lado y se mofan de lo feliz que nos pueden ver ,por vivir la fiesta de la resurrección ... Debo confesar que a mis 45 años viví por primera vez una pascua con mis tres hijas ,acompañada de esa energía de los adolescentes. Es un año que nunca olvidaré ,agradecida con mi Señor por permitir que me sienta tan feliz !!! Por primera vez me siento viva !!! Recargada !!!

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  2. Me da mucha alegría encontrar tus notas que siempre hacen vibrar. Me quedo con uno de esos acontecimientos que me hacen hincarme de rodillas y por los que enjuagaría sus pies con lágrimas de alegría.

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Sin duda, mi mirada se enriquece con la tuya y con respeto, será un placer leerte.